Voy a hacer un resumen lo más breve posible de lo que fueron estos días.
El fin de semana anterior, finalmente pude bajar a la zona vieja. Al bajar del tranvía, entré primero en un centro comercial (qué raro) llamado
Stockmann. Es una especie de Corte Inglés finlandés, pero más cutre. A mí no me gustó.
Al salir de allí ya me adentré en la zona vieja. Los comercios abren los domingos también, y fui a dar a una librería. Aproveché para comprar los diccionarios que quería. Mi idea inicial era comprarme dos diccionarios de bolsillo. Uno Español-Letón, Letón-Español, y otro Español-Ruso, Ruso-Español. Con el de ruso no hubo problemas pero, al menos en esa librería, no había diccionarios de bolsillo de letón español, y aparte, tuve que elegir. O letón-español, o español-letón, ya que ninguno tenía las dos posibilidades. Así que me cogí el de letón-español. Estoy ahora que no sé ni como se dicen cosas básicas como adiós, o gracias, ya que no puedo hacer la búsqueda inversa
Me adentré en la zona vieja, y estuve callejeando. Tiene unas calles muy acogedoras y es toda adoquinada. Así que, como primer consejo, no es muy seguro ir de tacones por ahí. Como anécdota, encontré una zapatería que se llama Vigo.
Visité los típicos monumentos: Igkesia de San Pedro, la Casa de las Cabezas Negras, la casa de los Tres Hermanos, la Catedral, la Puerta Sueca....
Fui caminando un poco sin rumbo entre las calles, y no paré de ver cosas que me llamaron la atención. Hay un montón de cafeterías con encanto en todo el casco antiguo, y como no, mucho turista. Pero sólo escuché a unos españoles.
Ese día comí por ahí en una pizzería. Las botellas de Coca Cola aquí son de 25 cl, no de 20 como allí.
Siguiendo con cosas de Letonia, me llama la atención la cantidad de Ópticas que hay aquí. No es Taiwán, pero las hay a montones.
El lunes empecé en la oficina. Vivo cerca de una escuela, y cuadró en que era el primer día de colegio. Aquí tienen por tradición que el primer día de colegio (y creo que también el último) los niños tienen que ir de traje y las niñas bien arregladitas también. Aparte, tienen que llevar un ramo de flores al colegio. Me hizo gracia ver a todos los enanos encorbatados yendo a la escuela.
Cuando llegué a la oficina, fui muy bien recibida. Mis compañeros son en su mayoría letones y rusos, pero hay también bastante lituano, estonio, y de la República Checa y seguro que algo más, pero no de España. Me han estado ayudando un montón para entender todo el funcionamiento de la empresa. Esta semana ha sido de adaptación, y ahora ya toca ponerse las pilas con más temas. Quizá lo que peor llevo es lo de los horarios de las comidas. Mis compañeros se levantan para comer a las 12, y claro, o lo acepto, o como sola. Y allá nos vamos. Luego las tardes se hacen muy muy largas. ¡Menos mal que el café lo dan gratis!
También he ido a arir una cuenta bancaria. Ya antes de venirme, estuve mirando sobre bancos asentados aquí. Letonia no tienen unos bancos con muy buena fama. Ya me había decantado por el
Swedbank, un banco sueco, y mis compañeros también fue el que me aconsejaron. Cuando llegué al banco y me atendieron, por el hecho de ser extranjera te hacen rellenar un formulario, y tiene que pasar a otro departamento para su aprobación si concluyen que eres una persona"apta". Así que dos días más tarde, tuve que volver y, después de mi aprobado, me abrieron la cuenta. Una cosa que me llama la atención también, es que aquí la gente usa más internet que en España. Casi todo lo del banco se mueve por internet, y tienen un sistema curioso (al menos en este banco). Es el siguiente:
Tienes tu usuario y tu contraseña. Una vez que lo verifica, de una tarjeta que te dan (del tamaño de una tarjeta de crédito) con 72 códigos de 6 cifras cada uno, te dice "Escriba el código X", y mirando la tarjetita, lo rellenas. Y así accedes a tu cuenta.
El chico del banco muy majo. Me estuvo haciendo un montón de preguntas sobre España, y al final, acabamos hablando de fútbol. Raro, ¿no?
Como buena ciudadana en la distancia, sabía que tenía que ir a la Embajada por lo de las papeletas para las elecciones. Así que un día, después de salir de la oficina, fui hasta allí. De la oficina salgo a las 6, por lo que ya no contaba con que estuviera abierta. Pero al menos quería saber donde quedaba. La Embajada queda en la calle Elisabetes Iela 11, en un edificio con más embajadas. Esa calle es una de las prinpales en la arquitectura Art Nouveau. Como la embajada quedaba a la otra punta de la calle de mi parada de tranvía, me la pateé entera. Los edificios son impresionantes. Aquí un ejemplo.
Llegué a la Embajada y efectivamente, cerrada. Así que decidí ir al día siguiente, previa llamada antes para saber el horario. Pues resulta que sólo abren de 9:30 a 13:30. Os podéis imaginar qué tuve que hacer mi hora de comer. Y aun con esas me llevó más tiempo. Al menos, sé que podré votar.
También me he dado cuenta de una cosilla. Las puertas en general, abren al revés de lo que estamos acostumbrados. Me explico. En España, si entras en una habitación, en términos generales, abres la puerta hacia la habitación. Aquí no. Lo hacen al revés. En mi casa, la puerta del portal, abre hacia fuera, la puerta de entrada al pisito, abre hacia fuera, la del baño lo mismo, y las de todas las salas de la oficina.
Y otro consejo: Si fumas tabaco de liar, vente con provisiones de todo. En el tema de los filtros que comentaba en el anterior post, os subo una foto para que se vea más claramente.
Perdí el papel que había comprado el domingo anterior en el Centro Comercial y fui tirando de uno que encontré en mi agujero negro llamado bolso. Pero se me acabó. Pregunté en tres sitios donde venden tabaco, dos de ellos quioscos
Narvesen que es donde se vende tabaco, y una gasolinera. En ninguno de los tres tenían papel de liar. Así que al llegar a casa me puse en serio a buscar el librillo perdido y lo acabé encontrando.
Como no fumo en casa, siempre bajo a la puerta del portal, lo que hace que fume menos ya que hay que bajar y subir 5 pisos a pie. En una de estas, estaba con mi cigarro en la mano, y vino una abuelita rusa, como la llamo, que vive en mi edificio, con pañoleta en la cabeza de colorines, y me empezó a hablar. Yo con gestos le intentaba decir que no entendía. Así que dijo algo de "rusky" y ya le dije que yo "rusky" nada. Pero no le importó, porque me echó un discurso en ruso muy seria. Yo intuyo que era para que no fumara. Pero claro, son intuiciones.